Tenemos un aproximado de 250 citas al año,
Bajo el mismo denominador muchas veces compartimos no solo un café, toca compartir los sueños y remendar los pies cansados de una historia que se marcha en cada madrugada.
Recopilar los trozos de las historias que quedan y lo que queda de nosotras.
Gastando un YO CREÍ, se lamen las heridas y a seguir.
Décadas después lloramos, pataleamos, alegamos pero todo un solo día.
Pero sin mentir, quizás nos volvemos un poco más arcillas que piel, nos vamos secando y rajando. Quizás en otro beso hidratamos está seca fe.
En el escondite de nuestra alma, en el confesionario de lo que duele y lo que no olvidamos, hasta de lo que nos reprochamos esta nuestro ingenuo YO CREÍ.
Entre sollozas lágrimas el “yo creí” sinónimo quería con todas mis ganas… se asemeja al olor de ese té que se evaporiza y regala un leve recuerdo.
Pero en silencio y con nudos en la garganta se convierten en un ungüento acompañado de un también pasará.
Luego de tantas citas y varias plegarias nos toca inventar otros YO CREÍ…
