La palabra disfuncional ha sonado muchas veces en mi vida. Por ejemplo, en familias disfuncionales, hijos disfuncionales, relaciones disfuncionales, amistades disfuncionales etc.
Yo soy hija de una familia disfuncional, comparto esto porque nuestra sociedad produce a diario hijos como yo. Sin embargo, el propósito de vida es que nos convirtamos en individuos funcionales.
Hay personas que viven a diario está cicatriz que debe ser de aprendizaje. Similar a la teoría de 6 grados de separación contamos con amigos, familiares, hijos, parejas que han sufrido una fractura como está.
Lo importante de esto es entender que fuimos creados con una forma, pero a veces nos toca mutar o mejor dicho evolucionar. He aprendido que no se trata de ocultar la herida sino de reponerte a la herida.
Lo más difícil en mi experiencia es cuando la fractura es en repetidas veces, es como llegar a pensar que ya no cuentas con huesos. Pero Dios y el tiempo te van mostrando que el dolor ensancha tu corazón. También he comprendido que el grado de dificultad ante ciertas cosas es mayor, pero no imposible.
Sé que ver el propósito de una disfunción en tu vida no es nada fácil, mucho menos si tienes agua salada circulando por tus mejíllas. Pero créeme. Sigo armando mi propio rompecabezas y aunque hay días que me lleva más tiempo cada vez va tomando su forma. Lo mejor de todo es que me siento funcional para amar, para creer, para confiar y para esperar.
Hay cosas en las que se es eternamente niña

